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lunes, 16 de abril de 2018

Rochefort 10 vs. St. Bernardus 12 vs Westvleteren 12

Lo comenté en mi última entrada cuyo tema principal oscilaba en el hecho de comparar cervezas que por unas razones u otras se las equiparan muchas de las veces en según qué círculos nos encontremos. Esa última entrada cuyo tema principal era la comparación entre dos o más botellas fue con motivo de mi #ISD2017 cuando me tomé dos botellas de diferentes añadas (2008 y 2011) de Goose Island Bourbon County Stout. Con diferencias muy claras entre sí.

En esta entrada no van a ser dos o más botellas iguales de diferentes añada sino tres botellas de diferentes elaboradores y que muchas de las veces surgen en conversaciones sobre gustos cerveceros. El combate entre la Rochefort 10, la St. Bernardus 12 y la Westvleteren 12 (R10, SB12 y WV12, respectivamente y en adelante) ha comenzado...

Pero antes de entrar en las características que a MI me parecieron vamos a entrar en faena de cómo conseguí cada una de ellas, la guarda que han tenido, en alguno de los casos de años, etc.

Creo que a nadie le extrañará si digo que la R10 y la SB12 las conseguí de un supermercado. En ambos cosas dicho establecimiento localizado en La Mata (Alicante), lugar de veraneo y en donde en algunos sitios, más allá de supermercados y badulaques, se pueden encontrar algunas buenas cervezas alemanas y/o británicas.

Por otro lado de WV12 de momento en supermercados no, obvio; pero tampoco en ninguna tienda especializada de Madrid u otra ciudad. No será porque no la haya visto, todo lo contrario. Siempre que la veía me decía: "No la cojo porque tengo una guardando y para qué gastarme un dinero para una cerveza que quizás no me va a agradar tanto como se la espera". Esa "una" que la tenía en guarda me llegó por medio de uno de esos intercambios de cerveza que hace un tiempo hacía y que este año he vuelto a retomar. El 'rater' que no sólo me mando esta WV12 sino también una WVIII fue Jan Bolvig, la máxima eminencia en Ratebeer con más de 53000 valoraciones* hechas.

Desde que la recibí, en febrero de 2012, hasta ahora ha estado mimada en pañales, con cambios mínimos de temperatura y protegida de la luz. Seis años en mi casa y seguro que alguno más en la de su propietario inicial. El diseño de la botella, sin serigrafía, sin grabado, sin el anillo rodeando el cuello de la botella, me hace pensar que tiene bastante tiempo encima. Por lo menos bastante antes del cambio de ruta por parte de los monges trapenses de la Abadía de Saint Sixtus para dar a conocer sus afamadas cervezas.



Hechas las introducciones vamos a ver lo que me pareció cada una basado en cinco parámetros (Apariencia, Aroma, Sabor, Final e Impresión):


Rochefort 10 St. Bernardus 12 Westvleteren 12
Apariencia Marrón con espuma de color beige, bastante generosa, con muy buena retención que permanece durante todo el transcurso de ser bebida. Marrón con escasa espuma de color beige, a pesar de la escasez de espuma tiene una gran carbonatación y hace un poco de "geiser". Marrón con mínima espuma de color beige que desaparece muy rápido, casi uno ni se da cuenta de ello para terminar desapareciendo por completo.
Aroma Las notas a caramelo se hacen más presentes que en la SB12. Aparecen también matices a fruta madura y maltas tostadas. Notas a azúcar candé, caramelo, pan tostado, ligeramente especiado. Notas a caramelo, azúcar tostado, especias, frutos secos, levadura. La presencia alcohólica está perfectamente tapada por las notas acarameladas, matices a nueces y almendras tostadas con cietos toques a madera.
Sabor Sabor dulzón, mucho más compensado 
que la SB12 pero sin llegar a ser empalagoso. Buena presencia a notas a pan tostado, almendra y caramelo.
La presencia alcohólica es mucho mayor que en las otras dos, la cual domina sobre las notas acarameladas que aparecen fugazmente. Matices amargos con leve presencia de las típicas levaduras belgas. Sabor ligeramente 
dulce, especiado, notas a azúcar candé, nueces también presentes con un buen contrapunto frutal recordando en ciertos momentos a 
fruta en almíbar.
Final Cerveza muy bien compensada con final ligeramente dulce y con ciertos matices a madera y frutos secos. Sedosa en boca, de trago largo, muy fácil de beber y en la que sus 11.2% de ABV no se notan para nada. Final amargo y alcohólico que la hacen un poco difícil de terminar en comparación con las otras dos. La única que me dejé un poco por terminar. No obstante en el final persisten las notas a pan tostado. Sedosa, densa con notas a fruta madura, quizás pasas, caramelo, frutos secos predominando las almendras, ligeramente dulce y con el alcohol muy bien escondido por las notas acarameladas. Con matices a madera como si hubiera estado envejecida en roble.
Impresión A medida que se van calentando las notas a madera se hacen más presentes con ciertas sensaciones secas en el paladar. Una cerveza muy bien equilibrada pero al final la presencia alcohólica se hace más presente y tomándola a la vez que las otras dos se hace un poco más pesada. Una buena cerveza que a pesar de eso en comparación con las otras dos se queda muy por detrás. Muy alcohólica a pesar de ser la que menos ABV tiene de las tres. A medida que se va calentando va ganando en cuerpo. Una cerveza que colma todas las espectativas que había vertidas en ella; muy bien compensada por las notas dulces, mazapán y graduación alcohólica. Todo el envejecimiento que ha tenido le ha sentado de maravilla. Muy fácil de beber.




Si tengo que ordenarlas según mis gustos no cabe duda que pondría la WV12 como la primera de ellas, y no es por ir a lo fácil. Tengo que decir que sin entrar en la relación calidad/precio la WV12 es una cerveza plena, llena de matices que la hacen que ese 'honroso' primer puesto como la mejor cerveza del mundo que ha tenido durante muchos años esté más que justificado. Eso si, seguida muy de cerca por la R10, la cual encontré muy similar en muchos aspectos. 

Entrando en el factor de calidad/precio no cabe deuda que si nos encontramos con una R10 debermos saber que estamos ante una cerveza que es de lo mejor, no sólo dentro de su estilo, sino también dentro del panorama cervecero belga y que puede, no suplantar a una WV12, pero si quedarse muy cerca de ella.

Muy por debajo de las dos anteriores situaría la SB12, la cual encontré muy poco equilibrada y en la que la percepción alcohólica en boca se hace un tanto molesta si se llega a comparar con la de las otras dos.

¿Cuál es vuestra preferida?

*A fecha de 16 de abril de 2018 tiene 53697 valoraciones en Ratebeer.

viernes, 15 de marzo de 2013

Logotipos de cerveza #1. Orval


Quiero comenzar una serie de entradas en la que explique a modo de anécdota por qué una cervecera tiene un logotipo y no otro, qué quiere rememorar con ese símbolo de su marca que lo hace inconfundible en cualquier parte del mundo. Eso sin olvidar un poco de historia de la propia cervecera.

Para comenzar he escogido la cerveza Orval, una cerveza que cuanto más la tomo, muy de cuando en cuando, todo sea dicho de paso, más me gusta.


En cuanto a la Abadía:

Restos de la antigua abadía
Retirada en el medio de los bosques de la Gaume, la abadía de Orval, fundada en 1070 por los monjes benedictinos llegados de Calabria, en el Sur de Italia, se convierte a partir del siglo XII en uno de los altos lugares cistercienses de Bélgica. El Conde Arnoldo de Chiny les dio la bienvenida a sus posesiones y les otorgó unas tierras a los propios monjes. La construcción de la iglesia comenzó en poco tiempo.

Restos de la antigua abadía
Por razones que se desconocen Othon, hijo de Arnaldo, sustituyó a esos monjes por una pequeña comunidad de Canónigos, los cuales completaron el trabajo de la construcción de la iglesia comenzada por sus predecesores. en 1124 la Iglesia fue consagrada por Henry de Winton, obispo de Verdun. Debido a diferentes dificultades económicas la iglasia fue traspasada a la Orden Cisterciense, por aquel entonces en plena expansión. El 9 de marzo de 1132 llegaron siete monjes procedentes de la Abadía de Trois-Fontaines en Champagne bajo la dirección de Constantin. Pronto comenzó la adaptación de los edificios a usos cistercienses y así es como fue que la nueva iglesia estuvo terminada antes de 1200.

Los cistercienses pusieron especial cuidado en establecer unas normas de trabajo basadas en su estricta observancia. A pesar que los terrenos alrededor del monasterio era inadecuado para la agricultura consiguen diversas donaciones, la más importante sería el grupo de Bure-Villancy, en la región de Meurthe y Mosela, el cual sería a la postre el centro de la indsutria del hierro de Orval.
Poco después, en 1252, la abadía sufrió un incendio de fatales consecuencias posterior al cual muchos de los edificios tuvieron que ser reconstruidos.

A partir de aquí la abadía sufrió una serie de altibajos ocasionados primeros por las guerras entre Francia y Borgoña y más tarde entre Francia y España. Tras esto la llegada a la abadía de nuevos monjes y nuevos abades le llevó a una época de éxito que no duraría mucho ya que la Guerra de los 30 años conllevó el saqueo de las instalaciones de la abadía.

La abadía hoy en día.
De 1668 a 1707 Orval tuvo a la cabeza al Abad Charles de Bentzeradt, austero y reformador que tomó como modelo lo que el abad de Rancé había llevado a cabo en la Abadía de La Trappe, Normandía, y estableció la "Estricta Observancia" en su propio monasterio. Comienza otro momento de prosperidad hasta la mitad del siglo XVIII, gracias a la forja del acero cuyos beneficios son dedicados a la construcción del nuevo monasterio, la cual fue consagrada en 1782.

Vista aérea de la abadía y sus instalaciones
Esta situación duró hasta 1789, año en que estalla la revolución francesa. Las tropas dirigidas por el general Loison saquean y queman el monasterio. La comunidad fue suprimida oficialmente el 07 de noviembre 1795 y disueltos sus miembros. Durante más de un siglo los muros carbonizados de Orval estaban a merced de la intemperie y de piedra y buscadores de tesoros.

En 1926 la familia Harenne ofrece las ruinas de Orval y los terrenos limítrofes de nuevo a la Orden Cisterciense. Pronto un nuevo monasterio se levantó sobre los mismos cimientos de aquel del S. XVIII. La reconstrucción fue completa en 1948 siendo abad Marie-Albert van der Cruyssen y su nuevo monasterio consagrado el 8 de septiembre.

De ahí hasta hoy dia...


En cuanto a la Brasserie (brevemente):

La cerveza Orval es producida en la Brasserie d'Orval situada dentro del recinto de la Abbaye de Notre-Damme d'Orval. La fábrica comenzó a funcionar en 1931 con el fin de financiar las obras de la propia abadía. Ya se sabe que la Orval es una de las consideradas como cervezas trapenses, pertenecientes a la Orden Cisterciense, que vive de acuerdo a la regla de San Benito "ora et labora".

La receta original puede ser debida a Pappenheimer, Honoré Van Zende y John Vanhuele, los cuales estuvieron trabajando en la abadía en ese mismo periodo y que combinaron métodos de fabricación los cuales no se encuentran en ningún otro sitio. El dry-hopping se le puede atribuir a John Vanhuele, el cual vivió muchos años en Inglaterra. El resultado es una cerveza cuyas característicos aroma y sabor se deben más a los lúpulos y levaduras utilizadas que a a la propia malta. De igual forma la forma de botella utilizada, la cual no la he visto en ninguna otra cerveza, rememoran aquellos años 30 en que comenzó a elaborarse tan prestigiosa cerveza.

Con una maquinaria totalmente actualizada y renovada en los últimos quince años la producción actual ronda los 68.000 Hl./año.

La cerveza Orval ocupó el tercer puesto en el World Beer Cup de 1996 dentro del estilo Ale Belga.


La leyenda:

La fuente de la leyenda
El nombre de la Abadía Orval (Valle de Oro) y sus escudos de armas que representan un arroyo azul por el que sale un anillo adornado por tres diamantes.

Cuenta la leyenda que en 1706 la Condesa Mathilda, duquesa de Tuscani, que era soberana de los terrenos y protectora de la abadía un día se encontraba sentada a la orilla de una fuente natural momento en el cual se le cae el anillo nupcial, recuerdo de difunto esposo muerto en las Cruzadas a dicha fuente.

Condesa Mathilda
Con gran preocupación comenzó a rezar a la Virgen María y en ese instante apareció sobresaliendo del agua una trucha con el anillo de su difunto esposo en la boca. Tal fue la emoción de Mathilda que agradecida comenzó a gritar "¡Verdaderamente este es un Valle de Oro!". En gratitud decidió fundar un monasterio en ese sitio.

El agua de la fuente en el que según la leyenda se cayó el anillo de Mathilda sigue abasteciendo a la Abadía de Nuestra Señora de Orval.



Fuente: www.orval.be
              www.sobrebelgica.com (Fotos)