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martes, 10 de enero de 2012

Delicatessen I - Cantillon

El primer encuentro con esta cerveza fue en su misma casa. En noviembre de 2008 fui por primera vez a un encuentro de coleccionismo de posavasos internacional a Hoegaarden (Bélgica) junto a otros dos coleccionistas y amigos: Eduardo y José Luis. Tuvo lugar el sábado del primer fin de semana de noviembre. El viernes previo había que hacer tiempo visitando Bruselas y qué mejor forma que hacer algunas visitas obligadas a los templos cerveceros y sitios de interés. así es como surgió la visita a la Brasserie Cantillon.

Desde fuera el edificio es algo sobrio, de no haber letrero nadie puede decir que haya una cervecera dentro. Una vez dentro parece que uno se traslada muchos años atrás. Limpieza casi manuel de toneles, madera por todos los lados en las vigas, paredes, etc, telarañas, polvo,... y es que por algo en este templo se elaboran las mejores (o cuasi mejores) cervezas de fermentación espontánea del mundo.

Para realizar la visita guiada... por nosotros mismos junto a una fotocopia de papel con al historia de la Brasserie en castellano, se pasa por todos los sitios: desde donde tiene lugar la mezcla de malta con agua hasta el almacenaje. Llama especialmente la atención la cuba, o mejor dicho, bañera de fermentación. Únicamente levantaba un palmo de alto, pero eso sí, muy extensa. Con ello se favorece que hay mayor superficie de cerveza en contacto con el aire, en contacto con aquellas levaduras que campan libremente por este lugar.

Al finalizar la visita se nos dio una pequeña cata de un par de Cantillon. Una creo recordar era la Kriek, y otra pudiera ser la Gueuze, aunque no estoy muy seguro. Expectación... primer sorbo decidido... uffff... tiene algo... segundo sorbo ya con los labios de piñón... efectivamente tiene algo... que no me gusta nada de nada.

Lo siguiente ya los que asistimos, sobre todo José Luis y yo, fue mofarnos de la propia cerveza, no sin antes causar algo de estupor por nuestras mofas entre los asistentes al templo cervecero. Por qué sería...


Más de tres años después me he decidido dar una segunda oportunidad a este tipo de cervezas. Hablando con un maestro cervecero alemán me comentó que a una cerveza no se la tiene pillado el 'punto' hasta que no se la cata 100 veces..., en fin.

Primero me he ido concienciando de este estilo; probando algunas que si bien no son por enteramente por fermentación espontánea, sí que tienen similitudes. Este es el caso de las Rodenbach o la Rodenbach Grand Cru (grata experiancia); así como algunas afrutadas.

Vi una botella de Cantillon Kriek en una conocida tienda cervecera de Madrid y pensé "...y por que no?". Mi valoración es bastante mejor que cuando la probé en la Brasserie, una pena porque el lugar era idóneo para disfrutar de estas cervezas. La Cantillon Kriek es rojiza con espuma rosa de fácil formación pero que se disipa y desaparece muy rápidamente. El aroma es acido, agrio y con cerezas -la Brasserie se jazta de elaborar sus cervezas, o al menos la kriek, con cerezas naturales-. El sabor tiene cierto toque 'viejuno', a madera, seco, más cerezas y acido, con un final prolongado y si se me permite avinagrado; lo cual no es una mala característica tratándose de este tipo de cervezas. Bastante carbonatada, picant, ligera de cuerpo.



Al menos esta segunda vez he visto a esta cerveza de otra forma, concienciado con lo que me iba a encontrar. Por otro lado haber probado anteriormente estilos similares quizás haya favorecido a: primero, que esta segunda oportunidad que le he dado a la cerveza haya merecido la pena; y segundo, me anime a buscar otras cervezas de la misma Brasserie.

Moraleja: "Toda cerveza merece una segunda oportunidad"...